DESARROLLEMOS LA MOTRICIDAD FINA Y GRUESA
Para saber un poco más sobre los problemas de motricidad,
cuales son algunas de sus posibles causas, como atenderlos…
Problemas de motricidad, ¿qué son?
En los niños los problemas de motricidad pueden ser un
problema grave, pues pueden no solamente afectar su condición física sino
también el desarrollo psicológico y social. La actividad motora, o sea la
capacidad de movernos, influye en la mayoría de las actividades humanas.
La motricidad gruesa es todo lo que tiene que ver con los
grandes movimientos como el saltar, brincar, correr, etc. mientras que por las
habilidades de motricidad fina se refiere a las actividades que requieren un
movimiento pequeño, casi de filigrana, de precisión, donde el control de la
fuerza es importante, como por ejemplo escribir o pintar.
Causas para los problemas de motricidad
Como causas para los problemas de motricidad entran en
juego muchos factores. El aparato motriz depende de la capacidad física de un
niño y también de los procesos cerebrales y el entorno del niño. Incluso los
factores psicológicos desempeñan un papel importante en el aprendizaje de los
movimientos. Algunos posibles desencadenantes de los trastornos motores puede
ser, por ejemplo:
- Daños o mal funcionamiento del cerebro
- Enfermedades musculares o de las articulaciones
- Problemas para respirar o de circulación
- Alteraciones en la percepción (problemas de vista o de audición)
- Deterioro mental
- Retrasos en la maduración del sistema nervioso central
- Ciertas enfermedades (trastornos convulsivos, inflamación)
- Abandono o poco estímulo para el movimiento
- Abusos
- Desnutrición
- Condiciones de vida limitadas, con pocas ocasiones para moverse
·
La falta de
experiencias de aprendizaje con el movimiento
·
Daños antes o durante
el parto
También hay niños en los que ninguna de estas causas es
la responsable de los problemas de motricidad. En esos casos puede tratarse de
un trastorno congénito del desarrollo de la función motora.
Terapia del movimiento: Se compone de juegos de
movimiento y de concentración, ejercicios de relajación, juegos rítmico-musicales,
ejercicios motores del deporte como escalada, saltos de trampolín, etc.
Ergoterapia: Se trabaja la motricidad fina con terapeutas
especializados.
Fisioterapia: Recuperar y potenciar la capacidad motriz
del niño.
Logopedia: Este tipo de terapia puede utilizarse en caso
de que tu hijo tenga problemas con el habla.
Mucho movimiento: En general debes procurar que tu hijo
realice actividades deportivas sin ningún tipo de presión, como nadar, gimnasia
infantil o judo.[1]

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